Las historias de los seres en los que hoy en dian casi no se cree y se han quedado en el olvido, y aquí las puedes recordar.

seres del fuego

LAS SALAMANDRAS, LAS HADAS MÁS ANTIGUAS.

Según la mitología clasica, fue el titán Prometeo quie le regaló a los hombres el fuego, uno de lo bienes más preciados del Olimpo, reservado hasta entonces slolo para el disfrute de los dioses, y por esta osadía Zeus castigó duramente a Prometeo. Mandó que lo encadenaran en un monte del Cáucaso y lo condenó a soportar día tras día los picotazos de un águila, la cual a diario se comía su hígado, que se regeneraba todas las noches para sufrimento eterno del desdichado titán.

Pero lo no contó el mito es que al cederles el fuego a los hombres, Prometeo puso en contacto a estos con las salamandras, que son las hadas más antiguas que existen, además de las más respetadas pues son muy anteriores a los dioses.
Probablemente fue eso lo que enfado tanto a Zeus, ya que no conviene que los hombres conozcan los secretos que ocultan estas hadas tan sabias y tan viejas. Dicen que ellas tienen la llave del arca que oculta,el misterío de el por qué de la vida y la muerte y que a algunos hombres especialmente justos les concedieron la sabiduría.

Pero eso sólo ocurrió una o dos veces.
En ealidad, la relación de los hombres con las salamandras no hasido buena. A ellas no les gustan los usos que los hombres le dan al fuego. Y por eso, simpre que alguien se quema, está detrás la salamandra castigandolo por algún motivo.

No resulta facil verlas pero, a veces, en las llamas aparecen dos ojos brillantes y enrojecidos y una cola como de reptil; son las hadas del fuego que se manifiestan para que no las ovidemos.

EL FÉNIX, AVE FABULOSA

El histirioador griego Heródoto dejó escrito que el Ave Fénix viajaba cada quinientos años al santuario sagrado de la ciudad egipcia de Heliópolis A él se lo contaron los sacerdotes del templo donde se guardaban los nidos que el propio Gñenix depositaba allí cada cinco siglos, pero ninguno de ellos lo había visto nunca ni esperaban verlo, pues aún pasarian varias generaciones de hombres hasta que de nuevo el ave volviera a visitar aquellas tierras para depositar su nído con las últimas cenizas.

A Heródotro le contaron que el Ave Fénix vivia en algún lugar de Arabia, aunque puede que fuese Asiria, Libia o Etiopía.

Se decía que siempre hubo sobre la tierra un unico ejemplar de Fénix, y que era un animal anterior a los dioses, pacífico y solitarío, muy parecido a las aguilas, aunque de vuelo más sigiloso y de cola llameante.

El Fénix no se alimentaba de otros animales, y ni siquiera de granos o hierbas, sino de las lagrimas del incienso Cuando cumplia quinientos años de edad, sabía que habia llegado la hora y durante muchos días, preparaba su muerte Sobre las ramas de un acebo, en la cumbre de una palmera, construía entonces un nido que cubía de canela, mirra y espigas de nardo. Y allí, entre aromas, se inmolaba a si mismo Sus plumas se convertían en llamas y en pocos segundos quedaba ruducido a cenizas.

Entonces, de las cenizas renacía un nuevo Fénix que viviría otros quinientos años, y que tan pronto como se lo permitieran sus fuerzas cumpliría con la tradición de llevar al santuario de Heliópolis el nido con los restos de cenizas que le habían servido de sepulcro y de cuna.

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